Tziquín
En el cuerpo rige los ojos. La capacidad de ver, que incluye la intuición. Ayuda a desarrollar la visión global, que permite tomar distancia de las situaciones para resolverlas mejor y ver el detalle interrelacionado con el todo.
Animales guía: el cóndor, el águila, el quetzal y la mariposa.
El Tziquín es el mensajero de la visión, el recuerdo de ver lo lejano y lo cercano, la totalidad y el detalle. En nuestro cuerpo físico habita en los ojos. Ejercitemos la mirada y la visión. Esta incluye la intuición, el enfoque. Desde el principio, el ser humano ha buscado la visión para su vida. En todas las formas de la espiritualidad, existen los diseños que permiten encontrar el sentido profundo para el que nacimos. Suele buscarse la visión para la propia vida en las montañas, en aislamiento y ayuda. Se implora la visión, se necesita, en primer lugar, recuperar la humildad, y en ella, la conciencia de la necesidad de pedir ayuda a lo superior.“Nadie se levantará solo”, dice el Popol Vuh. Y confiar, y esperar y arrodillarse ante el Misterio manifestado en cada instante, en cada forma, en cada aliento, en cada latido. Implorar que lo antepasados se muestren ante una visión ampliada en la conciencia de la búsqueda, que nos indiquen en señales comprensibles qué hacer, y despertar la integridad, el amor y la voluntad para hacerlo, y evolucionar protegiendo la continuidad de la vida.
Ejercitemos los ojos en la cercanía de nuestra mirada hacia dentro de nosotros mismos: ¿qué vemos en nuestro corazón?, ¿qué vemos en nuestra mente?, ¿qué vemos en la mirada de los recuerdos? Recordemos que esta mirada transforma lo que decidimos transformar. Y ésta es otra de las bendiciones del Abuelo Tziquín, la conciencia de la libertad del libre albedrío. Es un don, pero necesitamos clarificar el entendimiento para aplicarlo verdaderamente.
Con frecuencia confundimos libre albedrío con la comodidad y el desgano, con respuestas mecánicas repetidas sin conciencia, con actitudes heredadas en patrones de conducta que son cárceles en las que perdemos la noción de qué es la libertad, tanto que, aunque se nos ayude para abrir la puerta, nos resignamos a la mediocridad. Volemos… volemos sobre nuestra propia vida: ¿qué vemos desde la altura?, ¿qué hacemos?, ¿qué no hacemos?, ¿cómo decidimos?, ¿nos gusta lo que vemos?, ¿nos duele?, ¿es lo que queremos para nuestra vida?, ¿somos libres en la verdadera y única libertad?, ¿o decidimos desde lo que la sociedad nos enseñó, desde lo que los padres nos dijeron, o no nos dijeron, nos mostraron, o no nos mostraron? Volemos… y observemos el panorama para decidir los cambios necesarios para hacerlos visionarios que somos y servir a la vida. El águila te muestra el vuelo; el cóndor te invita a volar. Ambos te indican qué es la visión de la totalidad para disfrutar, jugar en el viento más puro de la montaña más alta, cómo dibujar círculos en el Corazón del Cielo, por el gusto de ser quienes son. Y también te enseñan el descenso en el lugar exacto para realizar su propósito: comer, reposar, construir el nido, y disfrutar. Observemos sus ojos y la energía que irradia su mirada. El quetzal te muestra la belleza de la Creación en su plumaje, el grito de libertad que es su vida, pues él en cautiverio muere. No le importa la comodidad ni el alimento que llega con facilidad, aparentemente. Necesita la libertad que le han dado para latir en la inmensidad de la vida.
El Tziquín te abre la puerta para ver y transformar los impedimentos y para emprender, o continuar, el vuelo; para limpiar la percepción de condicionamientos y abandonar comodidades, sufrimientos, juicios o tus obstáculos. Lo importante es saber que el Tziquín favorece los buenos acuerdos y la buena comunicación interna, con otras personas y con el Misterio. Podemos explorar esa oportunidad en la confianza de la guía de la sabiduría ancestral, que está en las huellas de los antepasados; los que veían hasta lo más lejano, los que caminaban su visión paso a paso, vuelo a vuelo, en la seguridad de la manifestación en cada día de la fuerza y de la protección de la divinidad. El cóndor nos enseña a transmutar la muerte en vida; el águila a armonizar la vida que ha perdido el equilibrio. La mariposa nos recuerda la metamorfosis necesaria para desplegar los dones que hemos recibido desde el instante de ser concebidos.
Agradecemos, entonces, que el día Tziquín nos recuerda aquella visión completa que añoramos y que buscamos en la montaña, en la selva, en la orilla de un río o en el desierto, para que guíe nuestra vida en el sentido de la realización de lo que soñamos para nosotros y para las futuras generaciones. Este día armoniza nuestra mente en el placer del vuelo y la libertad, ayuda a trascender las emociones que nos hacen daño y le da a nuestro espíritu la satisfacción de que nos deleitemos en él. A sí mismo nos ayuda a despertar el don de la visión y a buscar, desde el misterio de los ojos, en la cercanía, en lo lejano, adentro, afuera y en el espacio que integra, el brillo de la Creación.
Basado en el libro "Enseñanzas Mayas", de Mabel Flores.
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