Iiq
En el cuerpo rige el sistema respiratorio.
Animal guía: el colibrí.
El Abuelo Iiq es el espíritu del aire y favorece nuestra conexión conciente con él.El Popol Vuh dice que el Creador y el Formador, el Hunajpú, le da al ser humano la respiración y el pensamiento.
Al abuelo Iiq es el aliento divino, el que inspiramos al nacer y sostiene la vida, el que exhalamos en el instante de la muerte. El que marca, también, la medida del tiempo de cada uno, dentro de la medida del Tiempo en la Tierra y en el Cosmos. Es el aire que entra en el cuerpo y alimenta el Fuego Sagrado del corazón e impulsa la sangre en el latido.
Podemos vivir varios días sin alimento, varios días sin beber agua, sólo unos pocos instantes sin respirar. Enfoquemos en la importancia del aliento, respiremos dándonos cuenta de lo que estamos haciendo. Con el ingreso del aire en el cuerpo, se pone en movimiento la fina y exquisita tecnología del diseño humano. La respiración es la función que nos relaciona con el Cosmos y nos muestra que somos seres integrados a la totalidad.
El movimiento respiratorio tiene un ritmo que voluntariamente podemos hacer consciente, y profundizar y ampliar sus beneficios.Y...recordemos que respirando profundamente podemos ampliar la conciencia y entonces habitar el lugar de la paz interior, aun en situaciones difíciles.
El aliento se transforma, también, en la vibración de la voz.
El Abuelo Iiq rige su emisión fluida y nos ayuda a reflexionar acerca de la palabra con poder. El ser humano actual, en su mayoría, ha olvidado el poder y el valor de la palabra. Se gasta energía sagrada en tonterías y chismes, y se pierde la conexión del verbo, que es la vibración del origen de la Creación.
En este día podemos darnos el tiempo para la reflexión, para aprender la necesaria coherencia del pensamiento con la palabra y con la acción.Recordemos que el Popol Vuh dice: “Se pusieron de acuerdo, juntaron sus palabras y su pensamiento. Luego la Tierra fue creada por ellos. Así fue en verdad cómo se hizo la Creación de la Tierra: ¡Tierra!, dijeron, y al instante fue hecha”.He aquí, en este texto hermético, la clave, y en ella el legado: darnos cuenta de que el pensamiento y la palabra que lo expresa tienen la fuerza para la realización, siendo éste un ciclo completo y satisfactorio. Ése es nuestro diseño, semejante al divino como se describe en el Popol Vuh: vacío, pensamiento, palabra, acción.
La acción libera y lleva al nuevo pensamiento y éste al nuevo ciclo en la continuidad de la existencia. Podemos ser dueños del contenido del pensamiento, y así, de nuestra vida. Los sentimientos surgen de la coherencia, o no, en esta realización.Cuando pensamos algo, a veces decimos otra cosa y hacemos una diferente, la vida se torna caótica, los sentimientos de frustración, dolor, impotencia, rabia o rencor, nublan la verdad.
Es imprescindible que recuperemos el valor de la palabra, que sepamos que es un compromiso real cumplir lo que expresamos. Nacimos para hacer; aceptamos, desde la humildad de nuestro espíritu, ser concebidos en esta forma humana con el propósito de construir la escalera y los peldaños que conducen al cuidado de la vida y el crecimiento.Seamos conscientes de la necesidad de la pureza del aire. Seamos conscientes del peligro de la contaminación, del peligro del uso irracional de la vida de los árboles, de los animales, de los recursos que el Misterio creó para la continuidad de su Creación.Limpia la mente, favorece el enfoque, otorga precisión y claridad. Es el soplido que sana y revive. Es el aliento que damos, es el aliento que recibimos. Conecta con el lenguaje de la piedra y el cristal. Ayuda a elegir el alimento nutritivo en todos los planos: físico, emocional, mental, espiritual.
El colibrí es un maestro en el arte del movimiento y de la buena alimentación. Sólo toma la esencia de la dulzura, de la belleza, del buen color. Es sanamente selectivo. Es el único ser que puede detenerse en el viento, el único que vuela hacia atrás, observa su propósito y llega a él con exactitud. Sus alas lo sostienen en el aire y con el movimiento crea su danza de vitalidad y amor.
Si observamos el proceso de asimilación de los alimentos, nos damos cuenta de que también nosotros tomamos sólo la esencia de lo que comemos. Todo el proceso digestivo, como veremos con el Abuelo Aq’ab’al, lleva, paso a paso, a que se discrimine la vitalidad y los nutrientes y desechemos lo demás. Una pregunta fundamental para la vida sana es: ¿los alimentos que ingerimos, tienen esencia de vida? La misma capacidad que tiene nuestro sistema digestivo la tenemos en lo mental y emocional: enfocar, discernir, transformar, asimilar y desechar. Este magnetismo, en sus polaridades, lleva a los impulsos que pueden dañar y al resentimiento. Si esto nos ocurre, es posible detener el impulso y transformar su fuerza respirando profundamente. Salir a caminar, cambiar de actividad, crear o recordar una imagen tranquilizadora, buscar un lugar bello y conectar con él.
Para liberarnos del resentimiento, con la ayuda del Iiq, podemos limpiar la mente llevando el aire a ella, y al expirar, eliminar esos pensamientos. Profundizar y armonizar la respiración, lleva al equilibrio.Visualicemos los pulmones llenos de aire y luz, así los sanamos y fortalecemos. Pidamos al viento que limpie los lugares. Escuchemos el sonido que crea danzando entre las hojas de los árboles. El Abuelo Iiq inspira el canto y su medicina.
Basado en el libro "Enseñanzas Mayas", de Mabel Flores.
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